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“Tito” aún le canta al amor

enero 7, 2013 por  
Categoria: Columnas, Noticias, Swing Latino

Pablo “Tito” Rodríguez Lozada nació en Santurce, Puerto Rico, el 4 de enero de 1923, es decir, que mañana el bolerista preferido de los enamorados estaría cumpliendo 90 años de edad.

“Tito” fue el segundo de diez hijos de la unión formada por el dominicano José Rodríguez Fuentes y la cubana Severiana Lozada. Podemos intuir que de esta sangre latina le viene a nuestro personaje su pasión por la música.

Del bolerista se ha escrito cualquier cantidad de cosas, la mayoría de ellas incluidas en su biografía, pero de todas siempre se ha destacado el orden y la disciplina que impuso en su orquesta, versión que corroboramos en una oportunidad con “Cheo” Feliciano, quien se inició en el mundo del espectáculo fungiendo como “valet” de Tito, y luego le daría chance en los coros y lo recomendaría con Joe Cuba.

SU NIÑEZ MUSICAL Se cuenta de “Tito” que a los 12 años logró, organizó e integró el conjunto Sexteto Nacional, junto con el músico Mariano Artau. Luego, a los 13 años integró el Conjunto de Industrias Nativas que dirigía el maestro Ladí Martínez, con quien grabó, en 1937, el tema Amor perdido. Al año siguiente es invitado a formar parte del Cuarteto Mayarí, al lado de Manuel Jiménez (guitarrista), Francisco “Paquito” Sánchez y el trompetista Plácido Acevedo.Tito tocaba las maracas y hacía la segunda voz.

EN NUEVA YORK En 1939, Tito Rodríguez, con 16 años de edad, emigra a Nueva York y en principio canta con la orquesta de su hermano Johnny y más tarde con el Cuarteto Marcano, con el cual grabó sus primeros discos en NY. Luego entra a formar parte del legendario Cuarteto Caney y, tras una pasantía breve por las orquestas de Enric Madriguera y Xavier Cugat, presta en 1945 el servicio militar obligatorio en el ejército estadounidense.

Al licenciarse del ejército, el pianista y compositor cubano José Curbelo reclutó a Rodríguez como cantante y músico para su orquesta. Ese año, mientras la banda de Curbelo actuaba en el club nocturno China Doll, Rodríguez conoció a una corista estadounidense-japonesa apodada Tobi Kei, cuyo nombre verdadero era Takeku Kunimatsu, con quien se casó unos meses después y tendría a sus hijos Tito Jr. y Cindy.

En 1947, Rodríguez fue despedido de la orquesta de José Curbelo y estuvo desempleado largo tiempo. Después dirigió un quinteto de corta duración y en 1948 funda la orquesta Los Diablos del Mambo, con la que rivalizó con las bandas de Tito Puente y los Afrocubans de Machito en el legendario Palladium.

EL INESPERADO ADIÓS “Tito” supo aprovechar las ganancias que le deparó el éxito obtenido, pero justo cuando se encontraba en el pináculo de la fama (residía en una mansión en Long Island), en septiembre de 1971 supo que se hallaba afectado de leucemia. Siguió actuando y desoyendo el consejo de guardar reposo, Rodríguez realizó su última presentación con la orquesta de su colega Francisco Raúl Gutiérrez Grillo (Machito) en el Madison Square Garden el 2 de febrero de 1973, se desmayó en el escenario y murió 24 días después, el 26 de febrero de 1973.

Rodríguez falleció en los brazos de su esposa. Sus restos fueron llevados a Puerto Rico y velados en ceremonia que congregó a varios colegas suyos, entre ellos Tito Puente. Luego sus restos fueron cremados y depositados en una urna junto a los de su esposa, quien falleció años después.

Su pasantía por Puerto Azul “Tito” Rodríguez visitó con frecuencia nuestro país, donde se le tributó siempre un cariño muy especial. De sus andanzas por Venezuela se registra su amistad con Phidias Danilo Escalona, relación imposible de obviar a la hora de hablar del boricua.

Se ha dicho que Phidias, el bien llamado “padre de la salsa”, le bautizó a Tito una “tercera” hija, cuyo nombre no aparece en sus biografías, versión que no ha podido ser corroborada.

Lo cierto es que a comienzos de 1963, según leemos en reseña escrita por José Ignacio Cortiñas, Tito Rodríguez triunfa en los carnavales de Caracas y se lleva el Momo de Oro a la mejor orquesta visitante.

A los pocos meses sacó un disco de pachangas y boleros con especial acento en las canciones que habían triunfado durante sus presentaciones en la ciudad, como homenaje a uno de los espacios más elegantes y llamativos de la metrópoli, por lo que decidió titular el álbum In Puerto Azul, Venezuela, para registrar su paso por este exquisito club litoralense, visitado exclusivamente por gente de clase media alta en ese entonces, con unas instalaciones muy modernas y confortables.

Cuentan que “Tito” fue contratado para tocar en un vermouth bailable y quedó fascinado con la belleza del lugar. Además, unir su nombre con la elegancia del club convenía a Tito. Era un asunto de estatus. En ese LP aparecen las canciones: Alma Llanera, que inexplicablemente fue suplantada por el tema Treinta y un sabores. Le siguen: Beso extraño, La pollera colorá, El criticón, En Puerto Azul, No sueñes despierto Si mi corazón pudiera, El trompo, Charanga con bossa nova, Cuando estés sola y El piragüero, un chachachá con un solo de trompeta de Víctor Paz, corto, pero muy efectivo.

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“Round” a favor de Los Generales

junio 19, 2012 por  
Categoria: Columnas, Noticias, Swing Latino

(Por: Angel Méndez)

Desde las 10 de la mañana, los fanáticos de Dimensión Latina iban llenando el Teresa Carreño. Algunos comentaban que era posible que el supuesto propietario del nombre, se presentara para hacer valer sus supuestos derechos.

Supimos que en la semana ya había intentado parar el espectáculo bajo amenaza de abogados, pero en esta oportunidad no le funcionó la táctica, porque los abogados de la Compañía Nacional de Música le estaban esperando, y el hombre no se presentó, según nos comentó un allegado a los originales.

De manera que el show habría de continuar sin problema alguno para beneplácito de los fans de Dimensión Latina.

El de ayer fue un triunfo contundente, porque no sólo fue un espectáculo de primera, sino que en medio del mismo se reconoció, a nivel nacional con repercusión internacional, quiénes son los “Generales de la Salsa”. En una sala a reventar, César “Albóndiga” Monges, José Rojas, Joseíto Rodríguez, Elio Pacheco, Rodrigo Mendoza y Wladimir Lozano, acompañados de Juan José Bernal, Jesús Vílchez, José Félix “Guachafa” Guzmán, Wilfredo Castañeda y César Monges Jr. en el saxo, hicieron de las suyas, inspirados cada uno en su instrumento, para demostrar quién tiene la “llave” en este asunto. Nosotros, desde esa primera fila donde nos encontrábamos, recordamos a Tito Rodríguez con aquello de A mí no me importas tú, ni veinte como tú, yo sigo siempre en el goce, el del ritmo no eras tú…

Lo cierto es que la rumba fue buena y réquetedisfrutada por la gente que bailó en las sillas todo ese ramillete de canciones archiconocidas; desde Juancito Trucupey hasta Llorarás, tal y como rezaba en el programa, pero en ese “otra, otra, otra”, los de Dimensión se habían guardado, como un mensaje a García, la vieja canción que popularizara en Puerto Rico el Sexteto Borínquen de Mario Hernández: Cara de guabina, aprieta… definitivamente, un round a favor… ¡Saravá!

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Una trompeta con mucho “Tapón”

abril 21, 2012 por  
Categoria: Columnas, Noticias, Swing Latino

(Por: Ángel Méndez)

Las trompetas fueron las preferidas de las orquestas hasta que se asomaron esos tipos malucos que con sus trombones cambiaron la musicalidad y le dieron un giro de 180 grados al género, pero lo cierto es que en los comienzos de la salsa los agudos hicieron historia.

Sólo por recordar algunos, allí tenemos al Negro Vivar, Juancito Torres, Henry Camba, Ray Maldonado, Arturo Sandoval y al mismísimo Pedro Rafael Chaparro. Cuando llegaron Barry Rogers y Mon Rivera agitando el ventilador y derramando su sabor por todas partes, las trompetas no se guardaron, porque el autobús es grande y contradiciendo al amigo Cheo, hay cama para toda la gente. Trombones y trompetas conforman un sonido muy especial cuando se tiene un buen director por delante y el arreglo es magistral.

Un “tapón” que no es de Bayamón
En nuestro país sobran las buenas trompetas. Entre ellos hay uno bien criollito que se confiesa admirador de Luis “Perico” Ortiz. Estamos hablando de Andrés José Romero Hernández, conocido desde hace muchos años en el mundo musical como “Tapón”.

“Tapón” es una de las trompetas obligadas en los tumbaos que se forman en nuestra ciudad capital. Nació el 23 de noviembre de 1958 y desde hace 30 y pico de años es trompetista. Como la mayoría de nuestros músicos, se inició en las esquinas; abandonó el bachillerato y a muy temprana edad se fue al servicio militar, de donde al cabo de dos años salió hecho todo un trompetista. ¡A comerse el mundo! dicen.

“La verdad es que uno aprende lo básico allí, por lo que luego reOrcibí clases de Rafael Araujo y “El Pollo” Gil. Clases porque tuve la suerte de compartir con ellos y fue mucho lo que me enseñaron”.

—¿Cuándo arrancas profesionalmente?
—Con La Orquesta Ideal, y de allí paso a La Grande de Renato Capriles. Se abrió el camino y lo demás es historia, he tocado con todo el mundo. Hasta regetón, ja,ja.

—¿Por qué la trompeta?
—Siempre la he considerado como el instrumento macho de las agrupaciones. Así fue hasta que llegó el trombón, pero nadie supera su musicalidad. Creo que es la primera voz de todo. “Tapón” dice haber obtenido muchas satisfacciones con la trompeta. Le ha permitido ser internacional.Es así… ¡Saravá!

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