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Chivirico Dávila: Anécdota del álbum “Para Mi Gente”.


Corría el año 1976, la salsa estaba en su pico más alto de aceptación y Chivirico Dávila en su mejor momento. El año anterior había grabado como invitado junto Markolino Dimond y Frankie Dante la producción “Beethoven’s V” (1975) y recientemente había terminado su participación en el álbum “Tribute to Tito Rodríguez” (1976) con las estrellas de Fania. Era el momento adecuado para trabajar en una producción propia y cantando material relativamente nuevo, así que empezó a planificar su quinto álbum de estudio como solista, material al que tituló “Para Mi Gente” con el sello Cotique Records, filial del imperio Fania.

Terminadas las sesiones de grabación en New York, viajó a Puerto Rico acompañado de Lee Marshall, fotógrafo y creativo de Fania Records para lograr fotos acorde al título del álbum. El diseño de la portada y contraportada había sido designada a Ron Levine, y Lee Marshall esperaba realizar buenas tomas de Chivirico en contacto con su gente para ilustrar el álbum. Por alguna razón que aún se desconoce, se terminaron haciendo fotografías del cantante en solitario  sobre una carroza colonial y no con público como se había pensado.

Rafael Viera, que por ese entonces, aparte de promotor de Fania también era voluntario y líder en hogares CREA, cuenta que Chivirico era muy amigo suyo y que cada vez que éste llegaba a la isla, Viera lo llevaba a todos lados en su carro y pasaban tiempo juntos hablando de sus proyectos.

El día que se iban a realizar las tomas en carroza para el álbum en mención, Chivirico no estaba muy motivado, así que de camino a la locación fumó un cigarro de marihuana para darse valor y sin querer, o tal vez por inercia, dejó caer dentro del carro del líder de CREA, y sin que éste se diera cuenta, un pitillo de marihuana que casi le cuesta su cargo cuando la colilla fue descubierta, horas después, por el mismo director de la institución.

Rafael Viera tuvo que explicar con mucha incomodidad que la colilla pertenecía a Chivirico Dávila, que había sido transportado por él horas antes al lugar donde se realizarían las imágenes que fueron impresas en el que es considerado uno de los mejores discos del cantante.

La sesión fotográfica para este álbum duró alrededor de dos horas y se lograron imágenes que quedaron en el archivo dorado de la salsa, con Chivirico Dávila en un vuelo camarón, elevándose por fuera del planeta o tal vez viajando a la luna como diría Henry Fiol.

  

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