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Enrique ‘Quique’ Lucca, fundador de la @SonoraPoncena y sus 103 años de vida


Recuerdos y nostalgias se mantienen vigente en la casa de don Quique, como si el tiempo se detuviera. Éxitos y trayectoria son resumidos en la gran cantidad de placas y reconocimientos que habitan en la casa del patriarca de la familia Lucca. Sentado en la sala mientras entran los primeros rayos de la mañana, el fundador de la Sonora Ponceña, Enrique ‘Quique’ Lucca Caraballo, sigue celebrando el cumpleaños número 103 y de paso, recuerda que ya son 72 años en la faena musical. Sin duda, heredó de su padre -a quien todavía recuerda con lágrimas en los ojos-, la pasión por la música, la guitarra y la bohemia.

“Me  puedo  ir  feliz. Yo  he  disfrutado la  vida  bien”,  proclama  Enrique “Quique” Lucca Caraballo con la certeza y  convicción de que los  103  años  de  vida  pesan en su cuerpo, pero  no  en su   conciencia  ni  en su corazón. No  tiene pendientes,  asegura, seguido  de  “hasta  que  Dios  quiera”.

Don Quique –como cariñosamente le llaman- nació en 1912 en Yauco, pero es hijo adoptivo por excelencia de la ciudad ponceña. En 1943 formó el Cuarteto Internacional, el que par de años más tarde adicionó dos trompetas para cambiar de sonido y nombre a Conjunto Internacional.

“Para el 1957 cuando comienza a tocar Papo (su hijo y director musical) tenía solo 11 años y ya la orquesta se llamaba Sonora Ponceña” recordó. “Había sido la atracción principal de la orquesta durante un baile en Bayamón. En ese tiempo grabamos un disco con Felipe ‘La Voz’ Rodríguez y Davilita; y Papo fue el pianista”, dijo con orgullo.

Para don Quique, la llegada de Papo Lucca a la Sonora Ponceña es trascendental y vital, porque asegura que Papo dio a la orquesta su distintivo. “Todos los arreglos de la Sonora Ponceña y la sonoridad de la orquesta son de Papo. Sin duda su influencia del latin jazz influye en los arreglos y armonización. Él estudió en el Conservatorio se preparó y posee unas habilidades tremendas reconocidas en el mundo entero. Tengo un anécdota de Papo cuando se presentó en el programa de Ruth Fernández”, ríe. “No podía alcanzar los pedales del inmenso piano que tenía de frente. Los pies no le llegaban a los pedales y le amarré unas extensiones a sus zapatos para que pudiera manejarlos”.

En el principio la sonoridad de la Ponceña era muy similar a la del conjunto del cubano maravilloso Arsenio Rodríguez, quien influyó bastante en Quique Lucca. “La música que conocemos como salsa eso es cubano. Con respeto digo que la mejoramos. La armonización de antes no era como la de ahora.

“Lo menos que me imaginé es que yo llegaría hasta aquí a pesar de que me han dado  infartos del corazón. No imaginé  nunca  que  llegara  tan lejos.  Dios  me  tiene  aquí  con  un propósito. Tengo varias  enfermedades y son seis  doctores  que  voy  cada  tres  meses. La  salud está  bien  y   mientras  pueda  voy a ir a  todos  los   bailes. La  música  es lo que me gusta y  gracias  a  Dios puedo ir a  los  bailes”,  “Cuando  voy a  los  bailes  me  siento  mejor  porque veo a  la  Sonora  Ponceña,  y siempre  hemos  buscado   que  la  gente  disfrute  y  baile   con  nuestra   música. Eso  nunca  puede  cambiar. Eso  me   llena  de sentimiento”, afirma   el músico  que  llegó  en 1928  a Ponce, ciudad  que  hizo  suya además de su  natal Yauco.

Nosotros le pusimos nuestro sazón. En el caso de la Sonora es el toque especial que la pone Papo. En cuanto a Arsenio Rodríguez lo conocí personalmente y fue mi amigo. Un día me dijo cuida mucho a ese pollito (refiriéndose a Papo) que va a ser bueno. Y por si acaso, Papo se llama Enrique Arsenio”, se lanzó una carcajada mientras unió sus manos con un aplauso.

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