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Juan Pérez Martínez: El hombre que no era feliz, pero hacía feliz a los demás.


Desde su invención, el ser humano ha usado la música como un medio para transmitir, de manera inmediata, diferentes sensaciones y sentimientos muy profundos que otras formas de arte quizás no pueden. El poder infinito de la música ha sido usado siempre como un soporte a partir del cual el ser humano logra canalizar sentimientos y consigue alivianar sus penas o hacer crecer su alegría. Héctor Juan Pérez Martínez, llamado también “Héctor Lavoe” es uno de los máximos exponentes de la salsa que a lo largo de su carrera musical empleó la música como vehículo para expresar su tragedia personal, sus triunfos y fracasos.

Alguna vez le oí decir, y con mucha razón, a Priscilla Vega, la hermana mayor de Héctor Lavoe, al que llamaremos a partir de ahora por su nombre real, Juan Pérez Martínez, que su hermano “a pesar de que no era feliz, hizo feliz a mucha gente”. En efecto, Juan Pérez era un hombre profundamente triste. Su fama, fortuna y éxito estuvieron siempre eclipsados por la tragedia y sus problemas personales, no solo llevaba en el alma un dolor generalizado, su mente y sus emociones evidenciaban una aflicción fatigante que lo atrapaba y generaba en él una gran desolación y eso era percibido con claridad cuando se apagaban las luces del escenario.

Juan Pérez y su hermana Priscilla.

A lo largo de su vida perdió a los seres que más había amado. Su madre, Francisca Martínez, murió cuando él tenía apenas tres años de edad, justo en el momento en que un niño necesita la figura materna para contener y regular las emociones que un menor no es capaz de manejar por sí mismo y sobre todo para constituirse de manera armónica como persona. Este evento doloroso jamás lo superó e incluso lo refleja en la canción “El Día De Mi Suerte” al decir: “Cuando niño mi mamá se murió, solito con el viejo me dejó”. La figura materna fue asumida por su abuela, quien cuidó de él y sus siete hermanos mientras su padre trabajaba para mantenerlos.

A la edad de 16 años, perdió a su hermano mayor quien falleció en la ciudad de Nueva York en un hecho confuso ligado al abuso de drogas, situación que llevó a su padre, Luis Pérez, a oponerse a la decisión que tomó Juan de radicarse en Estados Unidos junto a su hermana Priscilla. Poco tiempo después, recibiría la penosa noticia del fallecimiento de su abuela, sumiéndolo en una depresión muy profunda.

“En su rostro se comprenden los fracasos de la vida”

Juan Pérez Martínez empezó a muy temprana edad en el mundo de las drogas. No está documentado con exactitud el año, pero todo apunta que fue a mediados de los años 60 cuando comienza a usar heroína y otras sustancias que a lo largo del tiempo terminaron consumiéndolo y refundiéndolo en el oscuro mundo de las drogas, lo que provocó incluso incumplimientos de contratos, tardanzas e inasistencias a ensayos programados con antelación. Cuenta su hija, Leslie Pérez, que “Puchi”, su esposa, se encargaba de cobrar las deudas y de repetirle una y otra vez las direcciones hacia los lugares donde tenía que tocar en la ciudad para evitar que Juan volviera a faltar. Su fuerte adicción a las drogas le originó problemas personales y varios cuadros depresivos que incluso lo llevaron a ser internado en un hospital mental a principios de 1977.

En 1968 Juan inició una relación sentimental con Carmen Castro, quien quedó embarazada, pero se negó a casarse con él porque lo consideraba un mujeriego. Fruto de esa relación nació su primer hijo quien fue bautizado con el nombre de José Alberto Pérez. Poco tiempo después de su nacimiento, Juan contrajo matrimonio con Nilda “Puchi” Román quien también estaba embarazada de él.

Nilda “Puchi” Román y Juan Pérez Martínez

Los problemas en su matrimonio eran constantes, las discusiones con su esposa, a la que amaba y con la que tuvo una relación muy tormentosa, de amorodio, le ocasionó diversas alteraciones en su estado mental. Sus numerosas peleas y separaciones estaban basadas en los problemas de adicción que Juan no lograba superar, además de celos y constantes situaciones de infidelidad de ambas partes.

Juan Pérez y su hijo Héctor Pérez Jr.

Con “Puchi” concibió a Héctor Pérez Jr., quien murió a los 17 años producto de un disparo accidental el 7 de mayo de 1987 mientras manipulaba un arma de fuego. Este hecho constituye el punto de quiebre que desencadenaría en varias situaciones trágicas.

Por aquella época, Juan pasaba sus días durmiendo, cantando y usando heroína. Se pasaba dormido gran parte del día sin tener control del tiempo, en alguna ocasión, se quedó dormido con un cigarrillo encendido lo cual provocó un incendio en su apartamento en Queens, Nueva York, por lo que él y su esposa tuvieron que saltar por la ventana para evitar su muerte, como consecuencia del salto cada uno sufrió fractura de una pierna.

Juan Pérez Martínez en el entierro de su hijo Hector Jr. enyesado luego del incendio en su apartamento, año 1987.

Sumado al golpe de la muerte de su hijo, Juan debe soportar la muerte de su padre en Puerto Rico y la de su suegra, quien fue asesinada a puñaladas. A pesar de esas situaciones, continuó realizando presentaciones aunque sumido en una profunda tristeza y con depresiones constantes, siempre rodeado de falsos amigos que en lugar de ayudarlo a superar sus tristezas, lo enredaban más en el mundo de las drogas que él usaba como escape a la pesadilla que estaba viviendo. De manera extraña, Juan se sentía culpable de todo lo que ocurría, razón por la que se autodestruía.

Sus últimos años estuvieron marcados por sus intentos de volver a la música, sin embargo, sobre el escenario su deterioro era más que evidente. Además, encontró públicos discretos y sitios a medio llenar, por lo que nunca pudo recuperar ni siquiera parte de su esplendor.

Así informaban la prensa de la época el intento de suicidio de Juan Pérez Martínez.

El 25 de junio de 1988, un año después de la muerte de su hijo, Juan debía presentarse en el Coliseo Rubén Rodríguez de Bayamón, Puerto Rico, en una noche de sábado. Las ventas para el concierto fueron escasas debido a un pronóstico de tormenta que azotaría la isla y por la fama de impuntual e incumplido que había adquirido en los últimos años. El promotor Ralph Mercado decidió cancelar el concierto, sin embargo Juan, desafiante hasta el final, y sabiendo que sería una de las últimas veces que actuaría en Puerto Rico, decidió, contra los deseos del promotor, actuar para el público que había pagado para ver el concierto. Cuentan que la actuación fue interrumpida varias veces por inconvenientes en el sonido, lo que al parecer lo llenó de impotencia y desesperación, por lo que al día siguiente, intentó suicidarse lanzándose del noveno piso del Regency Hotel Condado en Puerto Rico. Por supuesto, sobrevivió al intento debido a que cayó sobre un ventilador que amortiguó su descenso, pero a partir de ese día, nunca se recuperaría por completo.

A finales de ese mismo año, debido a su adicción a la heroína y otras sustancias intravenosas, fue diagnosticado con SIDA producto de las agujas compartidas que utilizaba. Debido al dictamen médico sufrió el alejamiento de varios colegas, amigos y familiares.

Para 1991, Juan tuvo un derrame cerebral que le quitó la movilidad de medio rostro y la capacidad de cantar e incluso de hablar de manera clara. Esto hizo que no pudiera hacer más presentaciones. Quedó abandonado en una profunda soledad y pobreza debido a que David Lugo había logrado que el mismo Juan Pérez Martínez le firmara un poder en donde le confería las ganancias de sus regalías discográficas, aprovechándose de su debilidad mental a causa del estado en el que lo mantenían las drogas. Por fortuna, este pleito judicial se logró ganar a favor de la familia del cantante, ya que la firma que Juan le dio a Lugo estaba mal hecha, por lo tanto fue tomada como fraude.

 

Un paro cardíaco, producto de la enfermedad que lo aquejaba, le generó la muerte un 29 de junio de 1993 en el Hospital St. Clare en Manhattan, Nueva York, a la edad de 43 años. Así se apagó la vida del ídolo de la salsa, un hombre que estuvo desde siempre destinado al éxito y a la tragedia. Su vida estuvo plagada de acontecimientos trágicos, confusión emocional y dolor. A lo largo de su carrera artística alcanzó éxitos impensados; sin embargo, en el fondo, en lo personal, fue un hombre triste que buscó el escape incorrecto.

Aquí descansan los restos de Juan Pérez Martinez que en Junio del 2002 fueron llevados a su ciudad natal, Ponce – Puerto Rico , junto a él, descansan también los cuerpos de su esposa Nilda Román (fallecida en 2002) y su hijo Héctor Pérez Jr.

www.laprensasalsera.com

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